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Messaggio del Santo Padre


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A los Delegados de la Asamblea capitular de los Rogacionistas del Corazón de Jesús

Con ocasión de vuestro XI Capítulo General, deseo unirme espiritualmente a vosotros, que estáis viviendo un evento de gracia: ello constituye una válida llamada a volver,cada vez más a las raíces de vuestra Congregación, a profundizar en el carisma para poderlo después encarnar en el actual contexto socio-cultuiral, según los modos más idóneos.

En estos días de intenso trabajo queréis centrar vuestra atención sobre el tema « La Regla de vida, expresión de la consagración, garantía de la identidad carismática, sostén de la comunión fraterna, proyecto de misión ». Vosotros entendéis revisitar y aprobar las Constituciones y las Normas de vuestro Instituto para actualizarlas especialmente a la nueva sensibilidad eclesial que brota del Concílio Vaticano Il y que es codificada por el vigente Código de Derecho Canónico. Este compromiso tiene una importancia especial, porque se trata de presentar a la intera Familia religiosa los textos de referencia sobre los que cada uno tendrá que conformar su propia experiencia de vida fraterna y apostólica, para ser signo elocuente del amor de Dios e instrumento de salvación en cada lugar. ¡Que Dios bendiga todos vuestros propósitos! Para que todo esto dé fruto hace falta  que conservéis fielmente el patrimonio espiritual transmetido por vuestro fundador, san Aníbal María Di Francia, que amó con intensidad al Cristo, y a Él siempre se inspiró en la actuación de un fecundo apostolado vocacional como también d euna valiente obra en favor del prójimo más necesitado. Seguid su ejemplo y proseguid con alegría su misión, válida hoy en día, aunque hayan mudado las condiciones sociales en las que vivimos. En particular, propagad cada vez más el espíritu de oración y de solicitud para con todas las vocaciones en la Iglesia; que seáis buenos operarios para la venida del Reino de Dios, dedicándoos con toda energía a la evangelización y a la promoción humana.

El gran reto de la inculturación os pide hoy de anunciar la Buena Noticia con lenguajes y modos comprensibles a los hombres y mujeres e nuestro tiempo, involucrados en procesos sociales y culturales en rápida transformación. ¡Grande es por tanto el campo de apostolado que se abre ante vosotros! Como vuestro Fundador, donad vuestra existencia a los que tienen « sed » de esperanza, cultivad una auténtica pasión educativa sobre todo para con los jóvenes, gastad vuestras fuerzas con una generosa actividad pastoral en medio de la gente, especialmente a favor de cuantos sufren en el cuerpo y en el espíritu. En este propósito, me gusta repetir a vosotros lo que comenté recientemente, casi a conclusión del Año Sacerdotal: « Cada Pastor es el medio a través del que el mismo Cristo ama a los hombres: es merced a nuestro ministerio - estimados sacerdotes-, es a través de nosotros que el Señor alcanza a las almas, las instruye, las custodia, las guía» (Audiencia General: L'Osservatore Romano, 27 de mayo de 2010, p. 1).

Vuestra Congregación tiene una larga historia, escrita por valientes testigos de Cristo y del Evangelio. Sobre estas huellas estáis llamados hoy a caminar con renovado ardor para alcanzar, con profética libertad y sabio discernimiento, sus altas metas apostólicas y metas misioneras, cultivando una estricta colaboración con los Obispos y las demás componentes de la Comunidad eclesial. Los amplios orizontes de la evangelización y la urgente necesidad de testimoniar el mensaje evangélico a todos, sin distinciones, constituyen el campo de vuestro apostolado. Aun son muchos los que esperan conocer a Jesús, el único Redentor de la humanidad, y no son pocas las situaciones de injusticias y de dificultad moral y material que interpelan a los creyentes.

Una tan urgente misión requiere una incesante conversión personal y comunitaria. Sólo unos corazones totalmente abiertos a la acción de la Gracia son capaces de interpretar los signos de los tiempos y de reconocer los anhelos de la humanidad necesitada de esperanza y de paz.

Resplandezca en los diversos campos de vuestro servicio eclesial la adesión fiel a Cristo y a su Evangelio. La Virgen Santa, Reina de las vocaciones y Madre de los sacerdotes, os proteja, os ayude y sea la guía segura del camino de vuestra Familia religiosa, para que pueda llevar a plenitud cada proyecto suyo de bien. Con estos deseos, mientras aseguro mi afectuoso recuerdo en la oración por cada uno de vosotros y por vuestros trabajos capitulares, os imparto de corazón mi Bendición, que con mucho gusto extiendo también a todos los Rogacionistas, a las Hijas del Divino Celo y a cuantos encontráis en vuestro apostolado de cada día.

Vaticano, 1 de Julio de 2010.

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